Alcorcón en la guerraPág. anterior Pág. inicial

 

La Patria está en peligro.
Madrid perece víctima de la perfidia francesa.
Españoles, acudid a salvarla.

2 de mayo de 1808.


Estas son palabras del parte que recorrió todo el país, y que fue redactado por Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, del que dicen algunos descendía de Alcorcón.

Al día siguiente, tras un convenio entre Murat y la Junta de Gobierno de Madrid, establecida una relativa serenidad, se recogieron en 18 carros los cadáveres que produjo el glorioso 2 de Mayo. Entre las listas de muertos figuraron algunos de Alcorcón, como el arriero Baltasar Ruiz.

Murat, para evitar más desmanes contra los suyos, publicó un bando, mandando disolver los grupos a tiros e incendiar el pueblo que diera muerte a un francés.

Pero la guerra estaba declarada y el pueblo español no se arredraba. Enseguida se organizaron por todo el ámbito nacional partidas de guerrilleros, y éstos decidieron el triunfo de España.

Bastantes de los mozos de Alcorcón se enrolaron en la partida de Juan Palomo. Conocemos el caso de José «el Cano», que con los años daría nombre al llamado ventorro o venta del Cano, el cual militó en la mencionada partida, donde le apodaron «Tragapanes».

Era Alcalde de Alcorcón en aquella época don Manuel de Vergara, de profesión alfarero, al que contemplamos maquinando también contra los franceses y su vez espiado por ellos.

Alcorcón durante los primeros diez meses, estuvo contribuyendo con las reservas de las cosechas. Vino, aceite, trigo, cebada, garbanzos y cuanto precisaba la cocina de la tropa francesa, en lo que respecta a la loza, todo debían entregarlo gratuitamente. Mas como no recibían recompensa alguna, de común acuerdo, resolvieron esconder los escasos ahorros y entregar los menos objetos posibles de cerámica.

Hasta 1809, si en el gran solar de Alcorcón de vez en cuando se construía un nuevo alfar, los existentes, a partir de esta fecha, empieza a darse de baja y nunca jamás volverían a abrirse ya.

Y, como por otra parte, bastantes mozos se habían ausentado, incorporados en la partida de Juan Palomo, para guerrear contra los franceses [...] el horizonte de su porvenir aparecía terriblemente sombrío.

El alcalde entonces transmitió al recaudador de impuestos la nota de que, ante la falta total de recursos en el vecindario, se les eximiera de todo tributo. Pero el ministro de Policía, incrédulo, ordenó un minucioso registro en casa de la primera autoridad municipal. He aquí cómo nos lo refieren los fragmentos ajados de la hoja de una revista o un libro, anterior a nuestra guerra de liberación, guardados escrupulosamente entre papel platilla por doña Victoria Vergara.



«El alcalde de Alcorcón»

«Episodio histórico del tiempo de la guerra de la Independencia»


«Llamábase don Manuel de Vergara, y, aunque de pasado noble, no por ello se desdeñaba en ejercitarse en la humilde industria que ha dado con sus pucheros a Alcorcón tan grande fama. Hombre dotado de claro y natural entendimiento, comprendió perfectamente las circunstancias de ser lugar tan próximo a la Corte y sin medios ni recursos para proceder de otra manera. Y, no obstante, ser tan buen patriota y abominar de la vergonzosa dominación extranjera, procurando mantener la paz y defender la justicia, sometíase, en bien de sus administrados, a la autoridad exigente del ministro de Policía.

Mas, por su proceder, quiso la suerte que allá en la noche del 24 de marzo de 1809, noche fría, destemplada y negra como boca de lobo, cuando el bueno del alcalde, fatigado de su cotidiana alfareril tarea, se disponía, ya cerca de las diez y media, a buscar descanso en su lecho, retumbase en toda la casa terrible aldabonazo, acompañado de golpes que menudeaban sobre el portalón de la casa y hacían estremecerse los tapiales de la misma.

No entendiendo nada, les abrió la puerta, y grandes fueron su extrañeza y asombro cuando sobre él se lanzaban un alguacil y seis soldados y ataban con fuertes cordeles ambas manos, obligándole a entrar en la habitación de donde había salido y cerrando luego con llave el aposento.

Mientras aquellos siete individuos, que como agentes del ministerio de Policía se presentaban, revolvían toda la casa en escrúpulos e inútil registro; el alcalde dábase a pensar en la razón de atropello semejante. Aunque él no era afrancesado ni mucho menos, jamás había hecho, por prudencia, ostentación de sus ideas, cumpliendo siempre las órdenes superiores con facilitar bagajes, suministrar víveres y auxiliar en cuanto pudo los destacamentos y partidas sueltas del Ejército francés que por Alcorcón frecuentemente discurrían.

Pero su inquietud cesó así que verificado el registro, en el cual nada halló la suspicacia de la policía encarábase con él el representante de la autoridad y procedía a interrogarle.»


Es verdad que los españoles vencieron a los franceses, pese al refuerzo de 140.000 hombres que les trajo el mismo Napoleón. [...] pero entre los sacrificios sin cuento que hubo de afrontar está la cruel hambre que padeció en 1812 como fruto de la juventud muerta y el abandono del cultivo de la tierra.

A primeros de 1812 murieron en Madrid de hambre más de 20.000 habitantes, mientras otros inundaban los pueblos limítrofes esquilmándoles, y uno que sufrió lo inconcebible en esta ocasión fue Alcorcón. Desapareció el 50 por 100 de sus vecinos, y de los alfares aquel año no trabajaban más de cinco; otros se rehicieron en los años siguientes, y en 1845 serían ocho los alfares que trabajaban.

Concluyendo, podíamos afirmar que a partir de estas fechas, del 1808, la guerra de la Independencia y esta hambre, de 1808 al 1812 se cierne sobre Alcorcón la peor época de su historia, una decadencia tal de la que ya no se repondrá hasta 1960, aunque alguna vez aparecerán intentos de superación.



EÑE
Virginia G.F.




Agradecemos a Virginia su amabilidad de compartir con nosotros estos datos interesantes sobre la Guerra de la Indepencia.

 
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